El aperitivo consiste en un ligero picoteo de alimentos y bebidas que supuestamente ayudan a abrir el apetito y a preparar el estómago para la comida. Y decimos supuestamente porque eso ya no es tanto así y el aperitivo se ha convertido a veces en una comida más, de tal manera que acabas el aperitivo sin apetito.

Ese supuesto ligero picoteo suele constar de frutos secos, aceitunas y alguna conserva de productos del mar, pero también de quesos, embutidos, montaditos, distintos encurtidos y, cómo no, patatas fritas tipo chip o patatas bravas… y se acompaña siempre de una bebida como refrescos, vino, vermú y ¡cerveza!

La cerveza es un clásico en los aperitivos. El vermú es el rey de los aperitivos; la cerveza es la reina.

Y es que la verdad es que la cerveza es una bebida ideal para tomar antes de las comidas. De hecho, la cerveza es de entre las bebidas alcohólicas la mejor opción para tomar en el aperitivo.

La cerveza es la mejor opción para el aperitivo

De entre todas las bebidas que se acostumbra a consumir en el aperitivo, sin duda, la cerveza es la mejor opción porque dispone el organismo para comer y porque es muy versátil.

Hay una cerveza para cada platillo

En los aperitivos se consumen alimentos con sabores bastante intensos y muy diferentes entre sí.

La inmensa mayoría de veces que se bebe cerveza en el aperitivo, se bebe cerveza estilo Pilsen, sobre todo porque es el más fácil de encontrar y el más económico. Y además el estilo Pilens ‘pega’ con casi cualquier especialidad.

Sin entrar en detalles sobre maridaje porque ya lo haremos en otros post, diremos que la cerveza (en este caso la tipo pilsen), por su sabor y textura, puede combinar perfectamente con la mayoría de alimentos que tradicionalmente se ponen en el aperitivo.

Las Pilsen combina muy bien con la acidez de los encurtidos, con el amargor de las alcachofas, limpia el paladar de los picantes, alivia el salado de los chips o frutos secos, limpia la boca de la grasa de los quesos… es decir, la cerveza llega muy bien a registros a los que no llega el vino o el vermú y puede combinar con alimentos con los que estos no ‘pegan’.

Y como hay tantos tipos de cerveza, con unos sabores y texturas tan diferentes, siempre hay una cerveza ideal para cada aperitivo.

Tiene poco alcohol

La cerveza tiene una graduación alcohólica inferior a la del vino o a la del vermú. Esto nos permite consumir más sin acabar ebrios, lo cual es de agradecer en el aperitivo (y siempre) porque queda toda la tarde por delante.

Tiene poca azúcar

La cerveza dispone al organismo para comer.

La cerveza tiene poca azúcar, apenas nada, por lo cual no deja sensación de saturación ni quita el apetito.

Tiene pocas calorías

La cerveza, comparada con otras bebidas que se toman en el aperitivo como el vermú o los refrescos azucarados, tiene pocas calorías. La cerveza contiene solo 33 kcal/100 ml, es decir, una botella de 33cl, que es la medida habitual en nuestro país, tiene algo más de 100kcal.


Artículo original de www.2d2dspuma.com